CONCURSO LITERARIO

TERCER LUGAR CONCURSO LITERARIO

CRONICA  DOLOROSA

Se me  escapa esa palabra de la  boca y me  resulta  tan  extraño escucharla  después de  tanto

tiempo  de  silencio,  de  no  pronunciarla;  se  me  escapa  cuando  huelo  la  harina  tostada,  cuando

escucho  vocear las  humitas en la calle, cuando  de la  televisión  escucho que  ya  viene el  próximo

festival de la canción del mes de Febrero; cuando, a veces, mirando por la ventana imagino que lo

veo  alejarse o llegar  caminando  con  su  andar  pausado;  cuando  a veces  escucho  la  tos  de  algún desconocido y me parece que es su tos que me anuncia que viene subiendo por la escala. Se me

escapa  esa  palabra  cuando  abro  el  closet  y  descubro  sus  abrigos  que  descansan  en  silencio,

cuando abro el botiquín y me encuentro con  cosas que ya había olvidado. Cuando pienso que, sin

darme cuenta ya nunca más fui al kiosco de la esquina a comprar el diario.

 

Ahí  estaba,  esperándome  en  la  estación,  ahí  estaba  arreglándome  el  columpio,

paseándome en  una motoneta, sacándose el  maquillaje, limpiándose las canas falsas  ( en esa

época,  falsas).  Allí  lo veo,  llevándome de  la mano  hacia el  estadio,  a la  zarzuela,  a  la sala  de

teatro. Allí lo veo, ordenando las butacas, ordenando los camarines, revisando el escenario.

 

Vamos  llegando  a  Chillán,  vamos  llegando  a  Recinto,  vamos  llegando  a    Pelluhue,  a

Constitución,  a  Quirihue,  ¡quién  es  el  primero  en  ver  el mar! Allá  lo  veo bailando  vals  con  mi abuela  e  intentando  un   tango  en  el  teclado.  Aún lo  veo c on el  poncho de  Castilla  y la  boina, riendo  con  sus  amigos,  hablándole  a  sus  alumnos,  cortando  leña  en  el  patio,  agitando  los olivos. Acá  quedaron su poncho y  los  jockeys, el teclado y  los  discos, la yerba  mate, la harina

tostada, la  marisquería,  el Mercado,  el  hisopo,  las zapatillas  de levantarse,  la bata,  la agenda

con  los nombres  de  los  amigos,  el  dial  de  la radio  detenido  en  la ópera,  las fotos,  el  reloj, las

colleras y el dolor insoportable de su ausencia.

 

Creo que lo hizo a propósito; dejar de esforzarse, dejar de luchar, dejar de preocuparse,

dejar  de  respirar  y  rendirse,  bajar  los  brazos  y  caer,  despacio,  silenciosamente,  sin

aspavientos , sin  llamar la atención, sin histerias, para hacerse a un lado, para darles la palabra

a los otros, hacer  mutis por  el  foro (como tantas veces). Creo  que  planeó  ordenar  los  papeles,

completar  los  cuadernos,  hacer  el  balance  de  caja  chica,  despachar  los  memorándums

pendientes  y  c errar  los  libros,  apagar  la  luz,  poner  el  candado  a  la  escuela,  revisar  los

micrófonos,  las  partituras,  dar  el  último  vistazo  al  escenario  y  al  auditórium  y  dejar  todo  listo para  el  día  de  la  función  e  irse  a  descansar,  agotado,  un  poco  aburrido  de  la  rutina,  pero tranquilo y en paz

 

Seudónimo: EUCALA